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Juan José Rochelt, discípulo de Regoyos.

Transcripción literal del artículo publicado por el historiador riosellano Toni Silva en La Nueva España el 23 de diciembre de 2018.

Sobre la vida y obra de Juan José Rochelt Amann, pintor vasco discípulo del pintor riosellano Darío de Regoyos.

Artículo.

“Siempre se ha dicho que Darío de Regoyos (Ribadesella 1857 – Barcelona 1913) se dedicó a cultivar el impresionismo en solitario cuando ya en Europa se hacían otras cosas y que aquella  manera de pintar había muerto con él, pero no exactamente así. Dejó un discípulo y admirador de gran categoría, el bilbaíno Juan José Rochelt Amann, veinticinco años más joven que él. Uno de los primeros estudios de posguerra que relacionan a ambos pintores es el libro “Regoyos”, de Rafael Benet, publicado en Barcelona en 1945, que nos pone en la pista de la amistad entre ambos pintores. Tirando del hilo descubrimos que la obra de Rochelt  parece un calco y una continuación de la del ilustre riosellano, pues fue ejecutada durante los 40 años posteriores al fallecimiento de Regoyos, aunque entre ambos hubo  notables  diferencias, tanto en lo personal (Rochelt fue un hombre rico) como en lo artístico, ya que persiguieron metas diferentes.

Sobre Rochelt

No hay mucho publicado sobre Rochelt, salvo un catálogo de 1974 de la sala Arteta de Bilbao, un artículo de la Enciclopedia Vasca (1973) y un estudio del Museo de Bellas Artes de Bilbao de apoyo de una exposición en 2014 sobre los muchos artistas de la familia Rochelt. Aún no se le ha hecho justicia al gran paisajista. Una “rara avis” del impresionismo epigonal español, ni se ha organizado exposición alguna desde 1974, cuando se celebró en Bilbao una retrospectiva a los 21 años de su muerte. Vizcaya, Madrid  y Barcelona, le deben una exposición por lo mucho que pintó allí, aunque también Ribadesella sería un buen sitio, pues además de haberla pintado repetidamente, es la patria chica de su gran amigo y maestro Regoyos. Una exposición conjunta de ambos en esta villa sería un hermoso acto de reconocimiento y un hito para la historia del arte del siglo XX.

Biografía.

Juan José Rocheh Amann (Bilbao, 1881 – Madrid, 1953) nació en el incipiente ensanche bilbaíno y creció con él. Las familias Rochelt Amann (de origen teutón) y Palme (checo), cuyos apellidos se cruzaron varias veces, colaboraron intensamente con el progreso socio económico de la ciudad. En las distintas generaciones Rochelt, hasta la actualidad, han abundado los músicos. escritores, dibujantes y pintores, compaginando  estas  actividades con las empresariales. El paradigma de todos ellos es Juanjo Rochelt, que no intent vivir de la pintura (tenía cerca el ejemplo de Regoyos, que vendía poco y mal), sino que, tras probar con actividades inmobiliarias, una sala de cine y una imprenta, creó y mantuvo una boyante empresa, la Compañía Española de Publicidad, que le permitió vivir de ella y poder dedicarse a la pintura durante algunos meses al año.

Juan José se casó en 1904. Compró una casa de veraneo en Algorta y allí fue donde estrechó su contacto con Regoyos, pues éste recaló en 1907 en Las Arenas, cerca de la casona de Rochelt. Juanjo sabia dibujar desde niño, pero Regoyos le enseñó a manejar el óleo y la ley de los colores complementarios, tal como él mismo había aprendido con los impresionistas en Bruselas y París,y el discípulo no sólo asimiló la técnica, sino el estilo del maestro hasta el punto de que en ocasiones es difícil incluso para los especialistas distinguirlos. A veces  pintaron juntos los mismos motivos  del Abra o viajaron juntos para pintar, como consta en alguna carta que se ha conservado.

En los años diez fallecido ya Regoyos, Rochelt  era impresor  y editor en Bilbao y tenía buenos encargos de las instituciones públicas, que empezaban a asumir la difusión de temas foralistas y vasquistas. En la siguiente década  Juanjo Rochelt, que sabía euskera y se sentía vasco, pero también español, abandonó la actividad editorial y él y su familia se trasladaron a vivir a Madrid con un nuevo trabajo, la ya mencionada empresa publicitaria. Había conseguido la exclusiva para colocar publicidad en el Metropolitano de Madrid (inaugura do en 1919) y de Barcelona (1925),así como en los trenes, estaciones, tranvías, postes, trolebuses y carreteras de media España, por lo que su vida fue un continuo viajar, pintando siempre que tenía ocasión.

El pintor.

En cuanto a su actividad de pintor, que empezó al lado de Regoyos en 1907, siguió en solitario tras la muerte de éste, aunque pintando de forma muy parecida a la del maestro, con su misma ingenuidad cuasi infantil, verismo, puntos de vista elevados, sombras azuladas, eliminación del negro, rapidez de ejecución, tosquedad en el acabado (la famosa “aspereza” de Regoyos) y respeto por la doctrina de los complementarios. También por su gusto por los efectos lumìnicos y atmosféricos, aunque sin la radicalidad del maestro, que (al menos en Castilla) solo concebía pintar con las primeras luces del día y las últimas de la tarde, cuando los colores están más matizados.

En su primera época Rochelt pinto muchos temas vascos y la mayoría de ellos parecen salidos de la mano de Regoyos, por su misma manera de tratar los cielos norteños, los prados verdes, los campos de maíz, las nubes, el mar y las montañas. El más representativo de esta etapa es una vista del Abra desde Algorta en la hora del crepúsculo, “regoyesca” a más no poder con un suave puntillismo en algunas zonas y con el juego de complementarios en todo el cuadro.

En una segunda fase, antes de irse a Madrid, Rochelt siguió pintando temas de Bilbao, Plentzia, Ondárroa, Duranguesado, Fuenterrabía, Algorta y del Abra de la ría. A partir de los años 20, tras su marcha a la corte, dejó de pintar en el País Vasco y empezó a hacerlo por la costa cantábrica, aunque también por Castilla, Aragón, Toledo y Barcelona, donde pinto la magnífica procesión del Corpus Christi en la rambla de los Capuchinos, con una sensación de movimiento grupal de alta escuela impresionista. De esta misma época son algunos cuadros de San Vicente de la Barquera (que con el tiempo sería uno de sus lugares predilectos), Laredo, Luarca, Poo, Llanes y Ribadesella, otro de sus sitios favoritos. De Llanes tiene dos vistas de la Playa del Sablón, (una de ellas con casetas y bañistas) anteriores a 1934, pues no aparece el espigón del puerto, y en Poo pinto el entorno de la iglesia y la escuela, con una familia campesina sacando patatas en primer término. En Ribadesella pintó dos cuadros extraordinarios entre 1932 y 1935, ambos con vistas de la actividad portuaria. Uno recoge el regreso a puerto de una vapora al declinar la tarde, con los compradores esperando a pie de muelle, pues aún no existía la rula, hecha en 1936. En otra zona se ven dos barcos cargando mineral de hierro procedente de la mina de Buferrera y el tren de vapor que lo traía a puerto. El otro cuadro es parecido, pero matutino y centrado en el muelle de minerales, que por el color claro parece “piedra cristal” y no mineral de hierro.

El Cantábrico.

Tras la Guerra Rochelt dedicó sus vacaciones a pintar la ría y puertos cantábricos. En esta etapa se aprecia mayor diversidad en su arte, pues aunque sigue produciendo cuadros “regoyescos”, hay otros más desembarazados de la influencia del maestro o timidamente próximos a corrientes como el poscubismo o expresionismo. En la primera posguerra empezó a exponer de forma individual, principalmente con la Asociación de Artistas Vascos que él había ayudado a crear, pero de la que se había ido alejando. Entre 1941 y 1946 expuso en Bilbao, Madrid y Barcelona, aunque después de su muerte solo se le organizó una retrospective, la de 1974 en Bilbao.

Su mayor pasión era pintar las rías y puertos del Cantábrico en verano, dejaba a la familia en Algorta y se iba él solo con el coche (nadie le acompañaba, decían que conducía muy mal) hasta San Vicente de la Barquera donde se instalaba, y desde allí visitaba Llanes, Ribadesella, Luanco, Cudillero o Luarca para pintar. También le atrajo la ría de Pontevedra, pues pinto bellos paisajes ribereños de Marín, Estribela y Placeres que hoy son documentos históricos de cómo era aquello antes de los grandes rellenos. Pero los mejores cuadros de asuntos marineros son los de Luarca y Ribadesella, junto con los de San Vicente. El más extraordinario es uno del minuscule puerto Viejo luanquín con varias vaporas apretujadas en seco mientras son puestas a punto para salir a la costera del bonito.

El tema de las vaporas boniteras (armadas con las varas de la cacea), junto con los barcos varados en la isleta de la ría para hacer reparaciones son los asuntos de tres bellísimos cuadros pintados en la posguerra en el Puerto de Ribadesella, aunque también hizo uno de los montes de Santianes, otro de la procesión de Santa Marina y un tercero, espectacular, de la Goleta gallega “Juanita Luisa” saliendo del Puerto en 1942 remolcada por un bote de remos, como se hacía antiguamente. Este cuadro es propiedad de una nieta del pintor, Inmaculada de Pereda Rochelt, que tripula veleros y comparte el amor por los barcos que tuvo su abuelo Juanjo, quien, sin embargo nunca fue aficionado a navegar y fue, como Alberti, “marinero en tierra”. ”

Para mayor información sobre el pintor visitar la web,    http://juanjoserochelt.org/